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Para la polarización: la conversación

Siguiéndole la pista a la polarización en Colombia

Desde hace varios años, la polarización política y social se ha instalado como uno de los principales rasgos del panorama público colombiano. Las redes sociales, los debates institucionales, los medios de comunicación y hasta las conversaciones cotidianas están atravesadas por narrativas enfrentadas, juicios excluyentes y una creciente dificultad para el reconocimiento del otro como interlocutor válido. La polarización no es un fenómeno nuevo, pero sí se ha intensificado y transformado en los últimos años, erosionando los márgenes de la deliberación democrática y afectando la capacidad de acción colectiva.

Seguirle la pista a la polarización implica, ante todo, entender sus formas, sus causas y sus efectos. No basta con nombrarla; hay que interrogarla. ¿Cómo se expresa en distintos territorios? ¿Qué papel juegan los liderazgos políticos, los medios, las plataformas digitales y las instituciones en su reproducción o contención? Y, sobre todo, ¿Qué posibilidades existen para transformarla en una conversación productiva?

Colombia ha tenido momentos especialmente críticos últimamente. Uno de ellos fue el plebiscito de 2016, donde el que el "sí" y el "no" al Acuerdo se convirtieron en identidades políticas irreconciliables. Nosotros lo vimos y lo vivimos desde el proyecto “La Conversación más Grande del Mundo”. A partir de ahí, nos dimos cuenta que se consolidó un clima de sospecha mutua, en el que toda propuesta era leída desde la mirada de “las personas de bien” y “los terroristas”. El enemigo se volvió más interno. Este ambiente se ha amplificado con los procesos electorales y los debates sobre reformas estructurales del actual gobierno.

Las redes sociales han jugado un rol central. Si bien han democratizado el acceso a la opinión pública, también han facilitado la creación de burbujas informativas, la circulación de noticias falsas y la dinámica de la indignación permanente. En lugar de abrir el debate, muchas veces lo cierran, segmentan y radicalizan. Al mismo tiempo, los algoritmos premian el contenido que genera reacciones rápidas y emocionales, no necesariamente reflexivas o argumentadas.

Sin embargo, reducir la polarización a las redes sería un error. Hay factores estructurales que la alimentan: la desigualdad

persistente, la exclusión histórica, la desconfianza en las instituciones y la falta de espacios de participación significativos.

Desde la Fundación, estamos observando con atención estos fenómenos. Hemos escuchado a liderazgos sociales, jóvenes, funcionarios públicos, comunidades y periodistas que enfrentan las consecuencias de la polarización en su trabajo diario. Sabemos que el discurso polarizado no solo se queda en lo simbólico: afecta proyectos comunitarios, deteriora relaciones, genera violencia y bloquea procesos de concertación. ¡Incluso ha roto familias!

Como Fundación, desarrollamos este proyecto orientado a abordar el fenómeno. Queremos desarrollar herramientas, metodologías y espacios que promuevan conversaciones sobre la polarización. No pretendemos eliminar el conflicto, sino acompañarlo de formas que fortalezcan el tejido social y la democracia.

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